Les danses, el corazón que sostiene la celebración
Si hay un elemento que explica por qué estas fiestas han alcanzado ese reconocimiento, ese es les danses de Peñíscola. Su raíz se remonta a épocas medievales y su continuidad hasta hoy se ha mantenido gracias a una transmisión oral e ininterrumpida de generación en generación. Esa permanencia no las convierte en una pieza de museo, sino justo en lo contrario: en una expresión viva de identidad, estrechamente ligada a la historia de la plaza fortificada y de la sede papal.
Durante los días grandes de la Patrona, las danzas ocupan el centro de la celebración. No aparecen como un adorno ni como un simple acompañamiento, sino como la parte principal del relato festivo. En ellas se cruzan música, coreografía, indumentaria y tradición oral, una combinación que encaja de lleno con la definición de patrimonio inmaterial de la UNESCO. Y, al mismo tiempo, mantienen una personalidad propia dentro del repertorio de danzas rituales del litoral mediterráneo.
La participación vecinal es otro de sus rasgos más valiosos. La población de Peñíscola no se limita a mirar: organiza, baila, acompaña y transmite. Ese compromiso colectivo explica por qué cada edición encuentra relevo generacional y por qué la fiesta conserva su sentido. ¿Qué sería de una tradición así si se quedara sin manos que la sostengan? Precisamente el reconocimiento patrimonial busca evitar eso, reforzar la conservación de una práctica que sigue teniendo comunidad alrededor.
Del volteo de campanas al novenario: así se abren los días grandes
La programación de 2026 arrancará el 7 de septiembre a las 13:00 horas con el volteo general de campanas y el disparo de cohetes desde el balcón del Ayuntamiento, una señal inequívoca de que la villa entra en modo festivo. Esa misma noche llegará uno de los momentos más solemnes de todo el calendario: la Proclamación de la Reina de las Fiestas, con Araceli Bayarri como reina y con su Corte de Honor al completo.
En ese acto actuará como mantenedora Rosa Arnau, natural de Peñíscola y actual presidenta del Gremio de Farmacéuticos de Castellón. La proclamación no es un simple formalismo dentro del programa, sino una de esas ceremonias que ordenan simbólicamente el inicio de las fiestas y que conectan la parte institucional con la emoción colectiva del arranque.
A partir de ahí, la celebración irá entrando en sus jornadas más esperadas. Los días 8 y 9 de septiembre concentrarán la devoción por la Virgen de Ermitana, con los últimos días del novenario, las danzas y la dansa-batalla de Moros i Cristians. Son jornadas que reúnen campanas, cantos, encuentros y procesiones, y que sitúan a la Patrona en el centro del relato festivo. El programa completa así una secuencia que alterna solemnidad, música y participación popular sin perder el hilo de la tradición.
Un programa amplio para públicos muy distintos
La concejalía de Fiestas ha preparado más de un centenar de actos, una cifra que da idea de la amplitud del programa y de su vocación integradora. Junto a los momentos más ligados a la devoción, aparecen actividades culturales, propuestas deportivas y citas pensadas para jóvenes y mayores. La fiesta se mueve entre muchos perfiles, y eso explica parte de su capacidad de convocatoria.
Entre los contenidos que ya ha adelantado el Ayuntamiento figuran la programación taurina, el día del turista, el día de los mayores y los niños, el pa i porta, el día de la bicicleta, la sardinada, las noches en el Recinto de Peñas y las actuaciones en el Parador de Fiestas. También destaca el concierto de Rebeldes y Seguridad Social, una de las citas musicales señaladas dentro de un calendario que busca equilibrar lo popular con lo festivo y lo intergeneracional.
Además, este año se incorpora la novedad de Música a la Fresca, con actividades repartidas por distintos puntos y a partir de las siete de la tarde, sumando la idea de tardeo a la programación. Esa apertura de horarios y espacios refuerza una lectura muy clara: las fiestas no se concentran en un único tipo de público ni en una sola franja, sino que se abren a ritmos distintos de participación. Y eso, en un municipio con tanta vida asociativa, no es un detalle menor.
La proclamación de la Reina y la Corte de Honor
Dentro del programa, la Proclamación de la Reina de las Fiestas vuelve a ocupar un lugar destacado. Araceli Bayarri Gracia, representante del Grupo Cultural de Danses, será la encargada de encarnar la figura central de la celebración, acompañada por una Corte de Honor que reúne a distintas entidades y ámbitos de la vida local. Esa composición no es casual: refleja la manera en que la fiesta se apoya en colectivos que le dan continuidad durante todo el año.
La Corte de Honor estará formada por Aina París Rambla, de la Associació Dansa Batalla de Moros i Cristians; Ana Vallés Roig, de la Associació Musical Verge de l’Ermitana; Daniela Montserrat Ruiz Reyes, de la agrupación musical Papa Luna; Mayra Yáñez Pérez, del Peñíscola Fútbol Sala; y Patricia Castell Flequé, en representación de la Associació Cultural de Moros i Cristians. Junto a ellas estarán las Damas y Caballeros Infantiles, con Ángela Mantilla Sanchez, Blanca Escriba Peguero, Fernando García Martorell, Fernando Samper Vu y Marta Castell Baila.
Esa presencia coral da una pista muy útil sobre el tipo de fiesta de la que hablamos. No se trata de un acto aislado ni de una gala desconectada del resto, sino de una pieza que resume el tejido social que sostiene las fiestas. La proclamación funciona, así, como una fotografía de la comunidad que las hace posibles.
Cómo se vive la fiesta y qué aporta al que se acerca desde Castellón
Para quien se mueva por la provincia de Castellón, estas fiestas ofrecen una combinación poco habitual de patrimonio, celebración y participación vecinal. Hay devoción, sí, pero también música, coreografías rituales, actos en la calle y una relación muy directa con la memoria del municipio. Esa mezcla permite leer la fiesta desde muchos ángulos: el religioso, el cultural, el social y el identitario.
La fuerza de la programación está precisamente en que no separa esos planos. Les danses no son un apéndice decorativo, sino el eje que ordena el sentido de las jornadas grandes. La proclamación no es una mera apertura protocolaria, sino el gesto que marca el tono de todo el calendario. Y el nuevo BIC no solo certifica un valor, también recuerda que estas fiestas exigen cuidado, documentación y transmisión para seguir siendo reconocibles dentro de unos años.
Quien se acerque encontrará una celebración que ha sabido mantenerse fiel a sí misma sin quedarse quieta. En Peñíscola, septiembre no se limita a pasar por el calendario: se organiza alrededor de una tradición que sigue produciendo comunidad, memoria y orgullo colectivo. Y esa es, quizá, la razón más sólida para mirar hacia estas fiestas con atención, más allá de los días señalados en el programa.