La Llotja del Cànem abre un nuevo capítulo para la fotografía de Judith Prat con Brujas, una exposición que pone el foco en la memoria de las mujeres perseguidas por la caza de brujas y en la huella que ese relato todavía deja hoy. La propuesta parte de una investigación visual que cruza historia, territorio y pensamiento crítico, y lo hace desde una mirada feminista que rehúye el estereotipo para devolver rostro y dignidad a quienes fueron señaladas, condenadas y borradas.

No se trata solo de revisar un pasado remoto. Prat enlaza aquellos episodios con mujeres que habitan ahora esos mismos lugares, y ahí está una de las claves de la muestra: la historia no aparece como un relato cerrado, sino como una herida que sigue dialogando con el presente. ¿Qué queda de aquella persecución en la forma en que miramos a las mujeres, en los símbolos que repetimos o en los silencios que arrastramos?

Una exposición que mira de frente a la persecución

Brujas se adentra en uno de los episodios más crudos de la historia europea: la caza de brujas entre los siglos XV y XVIII. A partir de ese marco, Judith Prat construye un trabajo fotográfico que recorre los lugares donde la persecución fue más intensa y recupera las historias de las mujeres castigadas por desafiar, de una u otra manera, el orden social de su tiempo.

La serie no se limita a ilustrar un episodio histórico. Propone una lectura política y contemporánea de lo que significó esa violencia, de cómo se fabricaron los estigmas y de qué mecanismos de control se activaron contra las mujeres más independientes o más sabias. La imagen, aquí, funciona como memoria y como herramienta crítica.

Judith Prat, una autora que trabaja desde la investigación

La trayectoria de Judith Prat ayuda a entender el alcance de esta exposición. Fotógrafa y documentalista, su obra se mueve entre los derechos humanos, el territorio, la identidad y la construcción de la memoria colectiva. En sus últimos proyectos, además, ha intensificado el trabajo de investigación previo a la fotografía, algo que se nota en la forma en que sus imágenes no solo muestran, sino que también piensan.

Esa manera de trabajar ha llevado su obra a museos, festivales, galerías y centros culturales de distintos países, y también a publicaciones, conferencias y masterclass. En Brujas, esa experiencia se traduce en un relato visual muy medido, donde cada imagen participa de una idea más amplia: rescatar lo que fue silenciado y devolverle presencia.

El fotolibro y el cortometraje, dos piezas que amplían el relato

La exposición nace también en diálogo con otros formatos. Brujas es uno de los fotolibros publicados por la autora, y ese universo se prolonga en el cortometraje Decían que era bruja, dirigido por ella misma. En esa pieza audiovisual, mujeres que viven en los lugares donde la caza de brujas se vivió con más intensidad relatan aquel feminicidio histórico y conectan esa memoria con sus propias vidas, sus temores y su presente.

Ese cruce entre fotografía y cine da más profundidad al proyecto. No hay una sola entrada posible, sino varias capas de lectura que se enriquecen entre sí: la imagen fija, la palabra, la voz de las mujeres actuales y la evocación de un pasado que sigue interrogando al presente. ¿Puede una exposición hacer visible lo que la historia quiso borrar? En este caso, la respuesta está en la forma en que cada pieza se sostiene sobre la anterior.

La experiencia de visita y las actividades que la acompañan

La muestra se puede visitar en entrada libre, con un horario de apertura de miércoles a sábado por la mañana y por la tarde. Junto a la exposición, el programa incorpora un encuentro del Photobook Club Castelló con la autora y dos proyecciones de Decían que era bruja, una de ellas vinculada a esa sesión con presencia de Judith Prat.

Ese diálogo entre exposición, fotolibro y cine convierte la visita en algo más amplio que un recorrido por paredes y fotografías. Lo interesante está en cómo la autora abre varias puertas al mismo tema, desde la investigación visual hasta el testimonio de mujeres que siguen habitando esos paisajes históricos. La muestra invita a mirar de otro modo una historia que durante siglos se contó casi siempre desde la voz de quienes acusaban, no desde la de quienes sufrieron la persecución.