Hoy Castellón

Agenda de ocio y cultura en Castellón

Exposiciones

Livin'LaVidaMadre llega a Castellón con una mirada honesta sobre la maternidad

8 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

Livin'LaVidaMadre llega a Castellón con una mirada honesta sobre la maternidad
Exposición Livin’LaVidaMadre. Foto: La recicladora cultural

La maternidad suele aparecer envuelta en relatos pulidos, llenos de lugares comunes y de expectativas ajenas. Livin'LaVidaMadre se aparta de ese enfoque y propone otra lectura, más directa y más humana, de lo que significa ser madre en la vida cotidiana. La exposición parte del libro homónimo de Alicia Van Assche y convierte esa idea en una muestra colectiva que pone el foco en mujeres reales, con sus contradicciones, su cansancio, su fuerza y también sus dudas.

En el Auditori i Palau de Congressos de Castelló, la propuesta se puede visitar del 4 de junio al 14 de agosto de 2026, con entrada libre. Llegados a este punto del calendario, la exposición sigue en marcha y todavía deja margen para acercarse a ella antes de que cierre. No se trata de una mirada idealizada ni de un discurso edulcorado: aquí la maternidad aparece como una experiencia compleja, atravesada por el trabajo, el agotamiento, la exigencia y la necesidad de encajar, o de no encajar, en modelos que a menudo resultan demasiado estrechos.

A partir de testimonios y fotografías, la muestra construye un retrato coral de madres imperfectas, trabajadoras, inconformistas y también agotadas. ¿Qué ocurre cuando la cultura visual deja de insistir en la madre perfecta y se atreve a mostrar la realidad sin maquillaje? Precisamente ahí reside el interés de Livin'LaVidaMadre, en abrir espacio a una conversación que rara vez se plantea con tanta claridad y que, sin embargo, forma parte de la vida de muchas mujeres.

Una exposición que habla sin adornos

Livin'LaVidaMadre nace de una necesidad muy concreta: poner palabras e imágenes a la experiencia de la maternidad. Y lo hace sin rodeos, con una voluntad clara de mostrar lo que suele quedar fuera del relato público. La exposición no busca construir un modelo, sino desmontar la idea de que existe uno solo. Frente al ideal de madre entregada, serena y disponible para todo, la muestra reúne vivencias que hablan de la presión diaria, de la conciliación imposible en muchos casos y de la carga emocional que acompaña a la crianza.

Esa es una de las virtudes más notables del proyecto: no convertir la maternidad en un símbolo abstracto, sino devolverla a la escala de lo cotidiano. Las mujeres que aparecen en la muestra no están definidas por una versión heroica de sí mismas, sino por la tensión entre lo que se espera de ellas y lo que realmente viven. Hay cansancio, sí, pero también lucidez; hay desgaste, pero también una forma de resistencia que no necesita adornos. Esa mezcla da a la exposición una fuerza poco frecuente.

Además, la muestra se articula desde una mirada colectiva, lo que amplía su alcance. No se limita a una historia individual ni a una experiencia cerrada. Al reunir testimonios y fotografías, abre un espacio compartido donde distintas maternidades pueden convivir sin competir entre sí. Ese enfoque la hace especialmente interesante para quien busque un contenido cultural con lectura social, con capas y con una intención clara de diálogo.

Alicia Van Assche y el origen de una mirada compartida

El punto de partida de la exposición está en el libro Livin'LaVidaMadre, de Alicia Van Assche, y esa procedencia literaria se nota en la forma de construir el relato. La palabra y la imagen trabajan juntas para dar forma a una experiencia que no suele representarse con honestidad suficiente. A partir de esa base, la muestra traslada al espacio expositivo una reflexión que ya estaba latente en el libro: cómo se vive la maternidad cuando se aparta de los moldes más cómodos y entra de lleno en la realidad diaria.

Van Assche sitúa la maternidad en un terreno donde conviven la entrega y la contradicción. Esa es precisamente la clave de su planteamiento. La madre no aparece como figura estática ni como ideal inalcanzable, sino como una mujer atravesada por su vida laboral, sus tiempos, su cansancio y sus límites. La exposición toma esa idea y la amplifica mediante una selección de miradas que no buscan uniformidad, sino pluralidad.

Esa pluralidad resulta valiosa porque evita los discursos simplificadores. No hay una sola manera de vivir la maternidad, ni un único modo de nombrarla. Por eso la exposición funciona también como una invitación a pensar en todo aquello que queda fuera de las imágenes convencionales: la carga mental, la renuncia, la culpa, la precariedad del tiempo propio, el esfuerzo sostenido que rara vez recibe reconocimiento. Y, al mismo tiempo, deja ver la energía, la capacidad de sostener y la determinación que también forman parte de esa experiencia.

Fotografías y testimonios para mirar la realidad de frente

Uno de los mayores aciertos de Livin'LaVidaMadre es su uso combinado de fotografía y testimonio. Esa alianza permite que la exposición no se quede en una idea general, sino que aterrice en rostros, gestos y voces concretas. La imagen aporta presencia; la palabra, contexto. Juntas construyen una narración que se aleja de la idealización y se acerca a lo que sucede cuando el día a día obliga a sostener demasiadas cosas a la vez.

Ese enfoque visual tiene además una lectura cultural muy potente. En lugar de ofrecer una representación uniforme de la maternidad, la exposición la fragmenta en experiencias diversas, cada una con su peso y su matiz. Las madres retratadas no aparecen como figuras lejanas, sino como mujeres reconocibles, con vidas que pueden resonar en quien observa la muestra. Esa proximidad no busca sentimentalismo, sino identificación crítica. Verlas es también preguntarse por las condiciones que hacen posible, o imposible, vivir la maternidad con cierta dignidad.

Al mismo tiempo, el planteamiento evita caer en el tono reivindicativo más obvio y previsible. La fuerza de la exposición está en la acumulación de realidades, no en el subrayado. Por eso funciona tan bien como propuesta cultural: porque no dicta una lectura cerrada, sino que deja espacio para que cada persona ordene lo que ve y lo relacione con su propia idea de la maternidad, de la familia y del trabajo invisible que tantas veces queda fuera del foco.

Por qué merece la pena acercarse antes del 14 de agosto

Con el cierre fijado para el 14 de agosto de 2026, la exposición entra ya en su tramo final de exhibición. Eso la convierte en una de esas propuestas que todavía están a tiempo de encontrarse con el público antes de desaparecer del calendario. No exige una preparación especial ni un conocimiento previo, y precisamente por eso puede funcionar muy bien como plan cultural de verano: permite una visita breve, pero deja después bastante material para pensar.

La cita resulta atractiva porque combina accesibilidad y contenido. La entrada libre facilita el acercamiento, pero el interés real está en lo que ofrece la muestra una vez dentro. No hay artificio ni exceso de solemnidad. Hay una reflexión clara sobre la maternidad contemporánea, sobre sus tensiones y sobre la forma en que la sociedad la mira, la exige y la consume simbólicamente. ¿Cuántas exposiciones consiguen hablar de una experiencia tan cotidiana sin caer en el tópico? Pocas, y ahí está una de las razones para detenerse ante esta.

También conviene mirar la exposición como una pieza que dialoga con debates muy presentes en la cultura actual. La conciliación, la salud mental, la desigualdad en los cuidados y la carga emocional que recae sobre las mujeres aparecen aquí de manera indirecta, pero muy reconocible. Esa capacidad de conectar lo íntimo con lo social es lo que hace que Livin'LaVidaMadre no se agote en una visita rápida. Queda en la memoria como una suma de miradas que obligan a repensar lo que tantas veces se da por supuesto.

Una propuesta cultural para mirar la maternidad de otro modo

Frente a la costumbre de representar la maternidad como un territorio de plenitud constante, Livin'LaVidaMadre insiste en algo más difícil y más útil: la maternidad también está hecha de desgaste, contradicción y resistencia. Esa honestidad no la vuelve dura por sistema, pero sí más cercana a la vida real. Y eso, en una exposición, tiene un peso enorme. Permite que el discurso cultural deje de hablar de abstracciones y se acerque a las experiencias concretas de mujeres que sostienen, trabajan, dudan y siguen adelante.

La muestra deja además una idea clara: hablar de maternidad no significa hablar solo de crianza, sino también de trabajo, de identidad, de tiempo y de expectativas sociales. Esa amplitud es la que le da interés más allá del tema específico. Incluso quien no se acerque desde una vivencia personal encontrará aquí una reflexión sobre cómo se construyen los relatos públicos y sobre quién queda fuera de ellos cuando todo se simplifica demasiado.

Hasta el 14 de agosto, Livin'LaVidaMadre sigue ofreciendo en Castelló una mirada sobria y honesta sobre una experiencia que rara vez se cuenta sin filtros. En tiempos de mensajes rápidos y fórmulas prefabricadas, la exposición apuesta por algo menos cómodo y bastante más valioso: mirar de frente lo que hay detrás de la palabra madre.

Plan relacionado