La maternidad suele aparecer envuelta en relatos pulidos, llenos de lugares comunes y de expectativas ajenas. Livin'LaVidaMadre se aparta de ese enfoque y propone otra lectura, más directa y más humana, de lo que significa ser madre en la vida cotidiana. La exposición parte del libro homónimo de Alicia Van Assche y convierte esa idea en una muestra colectiva que pone el foco en mujeres reales, con sus contradicciones, su cansancio, su fuerza y también sus dudas.
En el Auditori i Palau de Congressos de Castelló, la propuesta se puede visitar del 4 de junio al 14 de agosto de 2026, con entrada libre. Llegados a este punto del calendario, la exposición sigue en marcha y todavía deja margen para acercarse a ella antes de que cierre. No se trata de una mirada idealizada ni de un discurso edulcorado: aquí la maternidad aparece como una experiencia compleja, atravesada por el trabajo, el agotamiento, la exigencia y la necesidad de encajar, o de no encajar, en modelos que a menudo resultan demasiado estrechos.
A partir de testimonios y fotografías, la muestra construye un retrato coral de madres imperfectas, trabajadoras, inconformistas y también agotadas. ¿Qué ocurre cuando la cultura visual deja de insistir en la madre perfecta y se atreve a mostrar la realidad sin maquillaje? Precisamente ahí reside el interés de Livin'LaVidaMadre, en abrir espacio a una conversación que rara vez se plantea con tanta claridad y que, sin embargo, forma parte de la vida de muchas mujeres.
Una exposición que habla sin adornos
Livin'LaVidaMadre nace de una necesidad muy concreta: poner palabras e imágenes a la experiencia de la maternidad. Y lo hace sin rodeos, con una voluntad clara de mostrar lo que suele quedar fuera del relato público. La exposición no busca construir un modelo, sino desmontar la idea de que existe uno solo. Frente al ideal de madre entregada, serena y disponible para todo, la muestra reúne vivencias que hablan de la presión diaria, de la conciliación imposible en muchos casos y de la carga emocional que acompaña a la crianza.
Esa es una de las virtudes más notables del proyecto: no convertir la maternidad en un símbolo abstracto, sino devolverla a la escala de lo cotidiano. Las mujeres que aparecen en la muestra no están definidas por una versión heroica de sí mismas, sino por la tensión entre lo que se espera de ellas y lo que realmente viven. Hay cansancio, sí, pero también lucidez; hay desgaste, pero también una forma de resistencia que no necesita adornos. Esa mezcla da a la exposición una fuerza poco frecuente.
Además, la muestra se articula desde una mirada colectiva, lo que amplía su alcance. No se limita a una historia individual ni a una experiencia cerrada. Al reunir testimonios y fotografías, abre un espacio compartido donde distintas maternidades pueden convivir sin competir entre sí. Ese enfoque la hace especialmente interesante para quien busque un contenido cultural con lectura social, con capas y con una intención clara de diálogo.
Alicia Van Assche y el origen de una mirada compartida
El punto de partida de la exposición está en el libro Livin'LaVidaMadre, de Alicia Van Assche, y esa procedencia literaria se nota en la forma de construir el relato. La palabra y la imagen trabajan juntas para dar forma a una experiencia que no suele representarse con honestidad suficiente. A partir de esa base, la muestra traslada al espacio expositivo una reflexión que ya estaba latente en el libro: cómo se vive la maternidad cuando se aparta de los moldes más cómodos y entra de lleno en la realidad diaria.
Van Assche sitúa la maternidad en un terreno donde conviven la entrega y la contradicción. Esa es precisamente la clave de su planteamiento. La madre no aparece como figura estática ni como ideal inalcanzable, sino como una mujer atravesada por su vida laboral, sus tiempos, su cansancio y sus límites. La exposición toma esa idea y la amplifica mediante una selección de miradas que no buscan uniformidad, sino pluralidad.
Esa pluralidad resulta valiosa porque evita los discursos simplificadores. No hay una sola manera de vivir la maternidad, ni un único modo de nombrarla. Por eso la exposición funciona también como una invitación a pensar en todo aquello que queda fuera de las imágenes convencionales: la carga mental, la renuncia, la culpa, la precariedad del tiempo propio, el esfuerzo sostenido que rara vez recibe reconocimiento. Y, al mismo tiempo, deja ver la energía, la capacidad de sostener y la determinación que también forman parte de esa experiencia.