Lo que queda por escuchar en el castillo y el palacio
El jueves 30 de julio, a las 22.30 horas, el Castillo del Papa Luna acoge una de las propuestas más sugerentes del tramo final: Qvinta Essençia y Ensemble Arquivolta se unen para interpretar A la caza de los sentidos, un programa que gira en torno a un día de caza y que juega con la idea de la percepción como materia musical. La combinación de voces y formación instrumental convierte esta velada en una de las más atractivas para quienes buscan algo más que un concierto al uso.
Al día siguiente, el viernes 31 de julio a las 22.30 horas, también en el castillo, llega Stile Antico, uno de los grupos vocales británicos más reconocidos en este repertorio. Su programa, Postales polifónicas, propone un recorrido por distintas ciudades europeas a través de la música coral, una forma elegante de cerrar el mes con un repertorio que dialoga con la memoria de los lugares y con la tradición polifónica. ¿Qué mejor manera de rematar julio que con un conjunto de este nivel y en un escenario así?
El sábado 1 de agosto, de nuevo a las 22.30 horas y en el Castillo del Papa Luna, será el turno de La Ritirata, que presentará Amor místico: música y poesía. La formación madrileña contará con la actriz Manuela Velasco y con la dirección del violonchelista Josetxu Obregón, una combinación que apunta a una velada donde palabra y música se cruzan con intención dramática. La presencia de la actriz añade un matiz escénico muy adecuado para una propuesta que une texto y sonido sin perder el rigor del repertorio.
El cierre llegará el domingo 2 de agosto a las 12.00 horas en el Palacio de Congresos con Follia d’amore. Al voltant dels quatre afectes de l’amor, a cargo de la Camerata Antiga del Conservatorio Superior de Música de Castellón. Pensado para público familiar, este espectáculo pone el broche final a la edición con una mirada accesible y pedagógica, sin renunciar al trabajo musical. Es una forma muy coherente de despedir un festival que ha sabido abrirse a distintas maneras de escuchar.
Una programación que mezcla teatro, voz y repertorio histórico
Una de las razones por las que el festival sigue funcionando tan bien es su capacidad para convertir la música antigua en una experiencia escénica y no solo auditiva. No todos los conciertos se limitan a la interpretación de obras históricas desde el atril; varios de ellos buscan una dimensión narrativa, teatral o plástica que ayuda a entrar en el repertorio sin rebajar su exigencia.
Ahí encajan propuestas como Los elementos: ópera y flamenco, que ya pasó por el Palacio de Congresos con Ensemble Contratemps a partir de la partitura del mallorquín Antonio Literes, o el programa dedicado a la figura de Jaume I que ofreció Capella de Ministrers bajo el título El conqueridor. Aunque esas citas ya forman parte del pasado inmediato del festival, ayudan a entender el tono general de la edición: una programación que no se conforma con repetir fórmulas, sino que busca nuevos puentes entre patrimonio musical y escena contemporánea.
También el pasacalle heráldico de La Regalada abrió la edición con un gesto muy acorde al carácter del festival. Al recorrer el casco antiguo de Peñíscola, ese arranque sirvió para situar la música en la calle antes de que los conciertos tomaran el relevo por la noche. Ese tipo de apertura marca bien el espíritu de la cita: la música no aparece como un añadido, sino como parte del pulso cotidiano del verano peñiscolano.
Por qué el castillo sigue siendo el gran reclamo
Más que un simple marco, el Castillo del Papa Luna funciona como una pieza activa del festival. La programación insiste año tras año en ese escenario porque allí la música antigua adquiere otra escala, otra respiración y otra relación con el público. Escuchar repertorio barroco en ese entorno cambia por completo la percepción de la obra, algo que el propio festival ha convertido en una de sus señas de identidad.
No se trata de idealizar el lugar ni de convertirlo en decorado. La cuestión es más concreta: el castillo aporta una atmósfera que favorece la escucha y refuerza la dimensión histórica de la programación. Frente a eso, el Palacio de Congresos cumple una función muy distinta, más flexible y más útil para determinados montajes, especialmente cuando hay trabajo escénico, dramatización o propuestas familiares. Esa convivencia entre ambos espacios enriquece el conjunto y evita que el festival quede encerrado en una sola fórmula.
Para quien se mueve por Castellón, la ventaja es clara. Peñíscola ofrece un plan cultural de altura sin exigir desplazamientos largos y con una concentración de fechas que permite elegir entre varias noches de concierto. Además, el formato del festival facilita combinar la cita musical con una escapada breve, sin necesidad de convertir la visita en una excursión compleja. El atractivo está en la calidad del programa, pero también en su accesibilidad práctica.
Nombres propios de una edición muy sólida
La edición de 2026 ha reunido a formaciones con perfiles muy distintos, y eso dice mucho del criterio de la programación. Mediterrània Consort abrió la parte musical con A furore ad gloriam, un programa que contó con la soprano Aurora Peña y con David Antich a la flauta de pico y en la dirección. La presencia valenciana conecta el festival con su entorno más cercano, sin dejar de lado una lectura exigente del repertorio.
The Gleam Ensemble, procedente de Taiwán, aportó la primera presencia internacional con De carne y aliento: el arte de disminución en el mundo de los Habsburgo. Después llegaron Forma Antiqva, desde Asturias, con De Sópitu, y Ensemble 1700, desde Alemania, con Follias!, un programa en el que la flauta de pico y la dirección de Dorothee Oberlinger se combinaron con la soprano Hélène Walter y el violín y la danza de Yves Ytier. Esa variedad de acentos y procedencias ayuda a entender por qué el festival mantiene tanto interés edición tras edición.
Tampoco ha faltado la aportación local y cercana, como la del conjunto catalán Ensemble Contratemps, ni la de los valencianos Qvinta Essençia. Frente a ellos, la presencia británica de Stile Antico y la propuesta madrileña de La Ritirata completan un mapa muy bien trazado, en el que cada formación suma un matiz distinto. La programación no busca repetir una misma idea con nombres diferentes, sino abrir varias puertas a la música antigua.
Cómo encajar la visita desde Castellón
Pensando en quien sale desde Castellón o desde cualquier punto de la provincia, el plan funciona especialmente bien por sus horarios. Las citas nocturnas comienzan a las 22.30 horas, un margen cómodo para llegar con calma, cenar en la zona y entrar en el concierto sin prisas. La sesión familiar del 2 de agosto, fijada a las 12.00 horas, ofrece además una alternativa muy distinta para quienes prefieren un formato de mañana.
La organización ha publicado la información de la edición en la Diputación de Castellón, donde se recogen las fechas, los espacios y el detalle de la programación. Consultarla sirve para situarse con precisión en una cita que combina repertorio histórico, propuestas escénicas y una gran capacidad para atraer a públicos distintos sin perder coherencia.
A estas alturas de la edición, el festival ya ha demostrado por qué sigue ocupando un lugar tan visible en la agenda cultural del verano castellonense. Peñíscola no se limita a alojar conciertos: los convierte en parte de su propia identidad estival, y ese es precisamente el motivo por el que la cita sigue teniendo tanta fuerza cuando llega el final de julio.